
Después de 14 años entrenando a diario en los que ha obtenido triunfos como el Campeonato de España de salto en el año 2001, quiere probar la experiencia de ser entrenadora para fomentar la ilusión y el interés entre los más pequeños hacia esta disciplina.
¿Quién te inició en la gimnasia deportiva?
De pequeña probé con algunos otros deportes como la natación y al pasar veía a las gimnastas del Urgatzi entrenar y poco a poco me fue gustando hasta que mi madre me apuntó y desde entonces he entrenado todos los días sin pasar ningún tipo de sacrificio.
En tantos años habrás vivido algunos momentos que con el paso del tiempo siempre recordarás de una manera especial.
Momentos buenos ha habido muchos y sobre todo los viajes fuera de Vitoria a las competiciones, las amistades que haces y también la confianza con el entrenador. En el aspecto competitivo, en el Campeonato de España de 2001, en Murcia, fui Campeona de España en salto, tercera en paralelas y segunda en la general final. Ese ha sido mi mejor
resultado y algo que recordaré con cariño y agrado. También he participado en Campeonatos de Euskadi y Alava donde he logrado buenos puestos.
Después de esos logros, tu aspiración habría crecido para intentar llegar a la selección española y buscar metas mayores.
Mi entrenador me comentó que veía posibilidades y tenía que trabajar para ir convocada a la Universidad, pero durante los entrenamientos diarios con mis compañeras del Urgatzi me di cuenta de que era ya la más veterana del equipo y que era un poco la referencia de las otras gimnastas. Ellas me preguntaban sobre cómo hacer las cosas, me pedían consejos y me planteé orientarme para ser entrenadora y poder trabajar en la iniciación de los más pequeños. Pasar a la otra parte después de muchos años aprendiendo y cuando se saben casi todos los secretos poder comunicárselos a la gente que viene por debajo.
¿A lo largo de tantos años de competición has tenido que hacer sacrificios para cuidarte y mantenerte en forma?
Para mí no ha supuesto nada especial tener que entrenarme cuatro horas diarias, porque todo deporte y disciplina te exige una dedicación y constancia y al final coges la bolsa y te vas a entrenar como una actividad más del día. Cuando terminaba las clases venía a entrenar y disfrutaba con lo que hacía y estando con las compañeras de equipo.
Con 16 años decides dar ese paso de pasarte al campo de los entrenadores. ¿Te has retirado a una edad temprana o podías haber alargado tu carrera?
En el Urgatzi era ya la más veterana, pero en esta modalidad se puede competir a alto nivel hasta los 18 o 19 años. En mi caso, como me empezó a rondar por la cabeza el hecho de ser entrenadora, no miré los años para dar ese nuevo giro a mi carrera deportiva.
A partir de ahora has terminado con los rigores del entrenamiento y empiezas una tarea diferente como la de entrenadora. ¿Echas de menos la competición?
Llevo cuatro meses sin participar en pruebas y a las que he ido como espectadora sí que me siento rara viendo a mis compañeras desde la grada. Aunque del paso de empezar a entrenar no voy a perder el contacto porque aunque el sacrificio o nivel de exigencia pueda ser menor, requiere su dedicación y atención, el trabajo con la gente de cantera. La misión del entrenador está en saber llevar a cada gimnasta, orientarle, hacerle recomendaciones, saber imponerse, ganarse el respeto y sobre todo ser un buen psicólogo para tratar con todas las gimnastas.
