
Para José Enrique Campillo, Premio Nacional de Investigación de la Sociedad Española de Diabetes, “nadie duda de que el ejercicio físico es beneficioso para la salud. Practicar algún deporte y el desarrollar habitualmente un cierto grado de actividad física son medidas muy eficaces para prevenir y tratar numerosas enfermedades, entre ellas en especial la diabetes mellitus tipo 2 y el resto de las llamadas enfermedades de la opulencia -obesidad, hipertensión, dislipemia, aterosclerosis”.
En su presentación titulada “El mono obeso: ¿Es la inactividad una enfermedad carencial?” del J10/Ene analizó, desde el punto de vista y la metodología de la moderna y pujante medicina darwiniana o evolucionista, cómo es posible que una vida activa, no sedentaria, frene el desarrollo de las enfermedades de la opulencia y a través de qué mecanismos el sedentarismo puede causar enfermedad.
El ser humano, después de millones de años de evolución, ha desarrollado el “genotipo ahorrador como mutación genética frente a largos periodos de ayuno y de actividad física que ha permitido la supervivencia de nuestros antecesores en condiciones de penuria nutricional requiriéndoles de un enorme esfuerzo diario para conseguir alimento y que ahora se enfrenta a nuevas formas de carbohidratos, grasas saturadas, poca variedad –embudo- nutricional y sedentarismo que le alejan del diseño elaborado a lo largo de millones de años de evolución, derivando en enfermedad”. “El ser humano del llamado primer mundo es el único animal que no necesita un gasto energético muscular previo para conseguir alimento”
Según la medicina darwiniana, nuestros genes y nuestras formas de vida ya no están en armonía y una de las consecuencias de esta discrepancia son las enfermedades de la opulencia, como la diabetes tipo 2 para cuya prevención y tratamiento es fundamental el ejercicio físico. Para José Enrique, “el sedentarismo es una enfermedad carencial que se trata con ejercicio físico” y sus consejos son “no engañarnos, movernos todos los días según las posibilidades y, a ser posible, en proporción a las calorías ingeridas”. En definitiva “armonizar nuestros genes con nuestro estilo de vida, en especial, en niños y jóvenes a los que la nintendonización ha llevado a una situación muy grave y preocupante.”
