
Poco a poco la lluvia fue remitiendo y pudimos disfrutar del paisaje forestal y los pueblos que salpican esta singular zona de montaña. En el pueblo de Nograro, observamos la imponente casa-torre del siglo XV, que aún conserva la estructura defensiva y elementos como las saeteras y los matacanes.
Sin prisa, pero sin pausa, continuamos hasta el pueblo de Gurendes, donde almorzamos cómodamente en los bancos del pórtico de su hermosa iglesia.
El último tramo del recorrido lo realizamos sin dificultades destacables, entre campos de cultivos, encinares y roquedos calizos, para finalmente llegar a Quejo, donde nos esperaba el autobús. Pasadas las dos del medio día, llegábamos a las instalaciones del estadio tras haber disfrutado de una buena jornada de senderismo.
