
La larga parcelaria inicial nos permitió ver de maravilla todos los montes que rodean la cuenca y a un fuerte ritmo enfilamos hasta los pies del monte Hornillos donde se encuentra el monasterio de Pierola. De aquí tomamos el camino a Antoñana entre madroños y encinas pisando bellotas, pudiendo ver incluso una ardilla. Tras ver los arquillos y el almuerzo en Antoñana ascendimos la dura loma de Las Liendres. Sólo nos quedaba descender a Bujanda y hacer una visita a la iglesia de la Asunción, donde una amabilísima vecina nos enseñó el cuerpo incorrupto de San Fausto. Un recorrido completo.
