
El día amaneció prometedor, despejado y con buen pronóstico meteorológico. Según nos aproximábamos a Lagrán íbamos disfrutando de un paisaje otoñal aún entre pequeñas brumas agarradas en los cerros.
Sin embargo, lo que se presentaba ya como una cómoda marcha otoñal se encontró con una inesperada complicación: las batidas de Jabalí. Precisamente los cazadores de la zona se disponían a realizar una batida entre Pipaón y Lagrán, estando restringido al paso el recorrido motivo de nuestra salida.
Este contratiempo, sin embargo, no truncó nuestras ganas de disfrutar de una mañana en el monte. Nos dirigimos siguiendo la ruta del vino y el pescado (GR38) desde Lagrán a Laño.
El recorrido, muy bien marcado, transcurrió en su inicio ascendiendo suavemente hasta el Mojón del Avellano, lugar fronterizo entre Lagrán y el Condado de Treviño. La vegetación se resistía a la entrada del otoño, que, sin embargo, en algunos puntos dejaba ya constancia de su colorido. Musgo, acebos, hayas, robles y bojes nos acompañaron toda la jornada.
Tras almorzar en el Mojón con unas vistas sobre el Condado de Treviño, espectaculares descendimos a la localidad de Laño. Una vez allí, y como aún nos quedaba un poco de tiempo, visitamos “Las Gobas”, un complejo eremítico del siglo VII excavado en la piedra.
