
Comenzamos la caminata bordeando el Mallo Pisón. Nos pudimos deleitar con la majestuosidad de sus paredes y haciendo un breve repaso de sus audaces primeras escaladas. Entre Pisón y Mallo Firé tomamos la senda que nos condujo al collado del circo de verano con una intensa nevada como compañera. Sin poder desanimarnos por la belleza del entorno llegamos a la cabaña de la Roseta.
Desde aquí, empezó el descenso por la parte trasera de la Visera y el Mallo Colorado. Poco a poco, para evitar resbalones y para poder sacar fotos, llegamos al final de la travesía. Esta vez la tuvimos que resumir a los Mallos grandes.
Mojados, pero satisfechos, nos calentamos en el refugio de Riglos donde atentamente pudimos comer y tomar algo caliente. Tras entrar en calor nos montamos en el autobús para realizar el camino de vuelta. Un gran día especial y diferente por los Mallos de Riglos.
