
Atravesamos sus murallas, vimos las ruinas del palacio renacentista de los Condes de Oñate y enfilamos hacia el collado de Tabuerniga a través de dos estrechuras rocosas muy especiales y rodeados de un diverso encinar. La Casa de la Marquesa, la ermita de San Gines, Remélluri, las esculturas del Machimbrao, la ermita del Cristo y la iglesia de la Asunción de Labastida fueron los demás hitos que, desde más cerca o más lejos, pudimos observar. Debemos unir a ello unas impresionantes vistas de Cameros, Urbión y La Demanda.
