Las circunstancias que estamos viviendo en los últimos meses pueden actuar como una tempestad que devasta todo a su alrededor y nos pueden hacer incluso dudar de si podremos seguir hacia adelante. Pero la realidad es que mucha gente, más de la que creemos, se levanta de cualquier tormenta, terremoto, tsunami o coronavirus que le pase por delante. Esa gente son, lo que se dice en psicología, personas resilientes.
La resiliencia es la capacidad del ser humano para afrontar, e incluso salir reforzado, de situaciones complicadas, duras y negativas en la vida. Las investigaciones, cada vez más numerosas, sobre resiliencia concluyen que no es ningún rasgo genético y puede ser aprendido y desarrollado prácticamente por cualquier persona. Esto nos indica que todas/os podemos ser resilientes siempre y cuando cambiemos algunos de nuestros hábitos y creencias.
Sin duda alguna una de las actividades que más nos puede ayudar a desarrollar la fortaleza física, pero también la psicológica, es la actividad física. Los seres humanos necesitamos ciertos desafíos para fortalecernos y desarrollar tanto tolerancia física como emocional a la incomodidad y a la adversidad.
Nadie duda hoy en día de los beneficios anatómicos y metabólicos que puede generar la actividad física regular si se realiza de manera adecuada. Son quizá menos conocidas aquellas vías por las que la actividad física nos puede ayudar a desarrollar esa ‘dureza’, fortaleza o resistencia psicológica.
Son muchas las personas que han encontrado en el cuidado de la salud y el bienestar mediante la práctica regular de la actividad física una dirección vital que da sentido, importancia y propósito a sus vidas. Generalmente, tener un claro sentido de vida se asocia a cualidades positivas como mayor bienestar psicológico, mayor resiliencia y fortaleza de carácter. Mantener el contacto con el sentido de nuestra vida es la brújula que nos orientará en cualquier adversidad.
La autoconfianza es un estado interno de fortaleza psicológica que se genera cuando una persona percibe que es eficaz controlando y alcanzando un objetivo que se ha establecido. Si la actividad física está bien programada puede resultar una gran fuente de autoconfianza relacionada específicamente con la misma práctica, pero esta percepción de autoeficacia puede ser generalizada a otros campos de actuación, ajenos a la actividad física, contribuyendo a un estilo de afrontamiento más activo, saludable y gratificante.
Esta autoeficacia general nos puede ayudar a ser más fuertes mentalmente y manejar mejor las adversidades de la vida, percibiendo las situaciones estresantes como retos que se pueden afrontar, y no como amenaza, y potenciando la percepción de control.
Son muchas las personas también que experimentan la actividad física como una fuente de gratificación y emociones positivas como el divertimiento, mejor estado de ánimo, aprendizaje de habilidades, consecución de retos… Numerosas investigaciones han puesto de manifiesto cómo las emociones positivas contribuyen al bienestar tanto físico como psicológico y, en última instancia, a la salud. Las personas con una tendencia al optimismo y a experimentar emociones positivas encajan mejor las adversidades de la vida, siendo más resistentes a los efectos psicológicos y fisiológicos del estrés y de las enfermedades.
La actividad física también puede ser muy útil para desarrollar y fortalecer las relaciones sociales. Ante acontecimientos estresantes es fundamental no perder la relación y el afecto con las personas que te quieren.
Por tanto, la actividad física bien programada puede resultar una herramienta muy poderosa para desarrollar esa fortaleza, dureza o resistencia psicológica tan ansiada en estos tiempos de incertidumbre; nos puede ayudar a desarrollar un estilo de afrontamiento activo más apropiado ante las dificultades. Pero ¡ojo! también podría ocurrir que la actividad física resulte un evento estresante añadido o una ‘vía de escape’ que favorezca el abuso e interfiera en el afrontamiento adecuado de los problemas. Deben tenerse en cuenta los riesgos existentes y prevenir las dificultades que pueden aparecer. Para ello es fundamental recibir la orientación de buenas/os profesionales como las/os que podéis encontrar en el Estadio.
Ánimo a todas y todos en la actividad física y en el desarrollo de la fortaleza mental.
Unai Arrieta, Psicólogo de la actividad física y el deporte
