
Estamos en un cambio de era y ante uno de los mayores retos, la crisis climática. A partir del acuerdo de Paris de 2015 se ha marcado la hoja de ruta para que gobiernos, empresas, organizaciones y toda la sociedad en general reduzca sus emisiones y cumpla los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) que definen los retos sociales, económicos y medioambientales que debemos asumir.
El clima en la Tierra ha ido cambiando de manera cíclica, pero actualmente se ha acelerado por la acción del ser humano, y el mayor impulsor de este cambio es el aumento rápido y desproporcionado del CO2.
El CO2 es imprescindible para la vida de animales y plantas juntamente con el O2, otros gases y vapor de agua, pero es algo que no vemos, que no tocamos y quizá por esto nos resulta difícil entender las consecuencias que tiene cuando no está en equilibrio.
El cambio climático está afectando a los espacios en los que hacemos deporte, especialmente a la naturaleza, y nos afecta a la salud, ya que una de las consecuencias de una parte del origen de las emisiones es la contaminación.
La responsabilidad de reducirlas no es únicamente de las organizaciones, cada una/o de nosotras/os tenemos una parte de responsabilidad y tenemos que ser capaces de asumirla.
Somos conscientes y más responsables cada día con el uso de plástico, el consumo de papel, la alimentación más saludable, pero ¿cómo podemos saber las emisiones de CO2 de nuestra actividad diaria y, en concreto, de nuestra actividad deportiva? ¿Conocemos su origen? ¿Cómo las podemos calcular? ¿Cómo las podemos reducir? ¿Se pueden compensar?
Además de ser conscientes y ser sensibles, necesitamos tener conocimientos. A partir del conocimiento podremos ponernos manos a la obra.
Tenemos que ser capaces de hacer un inventario de nuestra actividad deportiva y para ello necesitamos conocer, primero, el origen de las emisiones.
¿Qué genera CO2? El transporte con el que nos desplazamos, las fuentes de energía que utilizamos y los bienes y servicios que consumimos.
Y a partir de ahí, nos haremos muchas preguntas: ¿Qué actividad hago? ¿Con qué frecuencia? ¿A qué distancia está de mi trabajo o de mi casa? ¿Cómo voy y vuelvo? ¿Sola/o o en grupo? ¿Qué ropa llevo? ¿De qué material es? ¿Cuánta ropa de deporte tengo? ¿Cómo y cuántas veces la lavo? ¿Qué bebo y donde lo llevo? ¿Qué aparatos electrónicos utilizo? ¿Cuántas aplicaciones tengo abiertas? ¿Cuántos vídeos subo al día a las redes sociales? ¿Cuánto tiempo estoy en la ducha? ¿Qué productos de higiene y cosmética utilizo?¿Como mientras hago deporte? ¿Qué tipo de residuos genero? Y más.
Cada respuesta se cuantifica, y este valor corresponde a la cantidad de kg de CO2 equivalente. Por ejemplo, comparando las emisiones del desplazamiento, 2 kg de CO2 por ir y volver al Estadio desde la Avenida en coche, o 0 kg si lo hago a pie o en bici.
Existen diferentes calculadoras que nos ayudan a realizar estos cálculos, de energía, transporte y alimentación fundamentalmente.
¿Qué podemos hacer para reducir nuestras emisiones?
Nuestro propio plan de movilidad. Aplicando criterios de proximidad en la medida de lo posible, eligiendo el tipo de transporte, poderlo compartir, planificar los desplazamientos y las rutas, e incluso valorar si necesitamos todos los vehículos que tenemos.
A la hora de realizar nuestras compras, la proximidad, el comercio local, el comercio justo, el acceso a los datos de producto, las ecoetiquetas… nos ayudarán a reducir tanto las emisiones como los residuos, y el impacto en la economía local será mayor.
Y por último la tecnología, que nunca pensamos en ella como fuente de emisiones. El tipo de aparato que compramos, cómo y cuánto lo utilizamos, la vida útil que le damos, la cantidad de conexiones, el hosting, etc. serán decisiones que tendríamos que tomar y que repercutirán en nuestra vida actual.
Y las emisiones que no podamos reducir, las podremos compensar.
¿Estás dispuesta/o a modificar tus hábitos de consumo para mejorar tu propia vida y la de tu entorno?
El cambio merece la pena, es imprescindible si queremos contribuir de forma colectiva a mejorar la vida de las personas y del planeta.
‘Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo’, Eduardo Galeano
Ana Vallejo, Más que sostenible
