Izaskun Aranbarri

Identidades y orientaciones que molestan, también en el deporte

Izaskun Aranbarri

En pleno siglo XXI a pesar de que el colectivo LGTBIQ+ (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales intersexuales, queer…) ha avanzado considerablemente en la lucha por la igualdad de derechos, el ámbito deportivo constituye a día de hoy un espacio con bastantes resistencias a la inclusión y a la promoción de la diversidad sexual. Socialmente se acepta esta diversidad pero desde lo políticamente correcto, desde un punto de superioridad y de tolerancia que enmascara los prejuicios asociados a este colectivo.

Si nos remontamos a tiempos pasados, el deporte históricamente ha representado un lugar de dominación masculina, patriarcal y heterocentrista, lo cual ha dado lugar a una discriminación estructural y simbólica a toda aquella persona que no tuviera cabida dentro de aquello que entendemos por masculinidad hegemónica. Este hecho, entre otros, es el que explicaría que la participación de las mujeres es más baja en muchas disciplinas deportivas y esta brecha, además, aumenta con la edad. A día de hoy, hay muy pocos referentes LGTBIQ+ en el mundo deportivo; además, sigue faltando el reconocimiento legal de las personas trans e interesexuales en el ámbito profesional y federado, habiendo estado este colectivo siempre expuesto a los debates sobre el dopaje deportivo y las famosas pruebas de sexo.

Son muchos los estereotipos de género asociados al deporte que limitan especialmente a las mujeres, como el de las lesbianas que se les asume características masculinas y eso les hace ‘mejores’ para ciertos deportes como el fútbol o el rugby. En el lado opuesto, tendríamos al colectivo gay y el estereotipo de chicos sensibles que les hace que se decanten por el patinaje artístico o la danza. Esto nos lleva a la gran invisibilidad del colectivo LGTBIQ+ que existe en el deporte, sea cual sea, donde ni siquiera se expresan públicamente las muestras de posicionamiento contra la LGTBIQ+fobia.

Desde que las mujeres comenzaron a participar en el deporte profesional, terreno legítimo de hombres, no es nuevo que sus cuerpos constantemente hayan sido sometidos a examen. No solo para determinar si podían competir o no, sino también para comprobar si eran mujeres ‘verdaderas’ o no.

Aunque actualmente las políticas deportivas son más flexibles, y cada vez un mayor número de deportistas trans e intersexuales participan en competiciones deportivas, no podemos obviar que siguen siendo las únicas que se someten a este tipo de pruebas. Esto demuestra que, una vez más, seguimos poniendo en el centro de la cuestión la perspectiva binarista de lo que es ser ‘hombre’ o ‘mujer’ y que aunque ésta cada vez está siendo más que cuestionada incluso desde la ciencia, se problematiza todo aquello que sale de ese dualismo.

La promoción de la diversidad sexual en el deporte sigue siendo un gran reto a día de hoy y por ello es imprescindible implementar en la práctica deportiva políticas de sensibilización y formación en materia de diversidad sexual y de género que sirvan como instrumento de prevención ante cualquier tipo de discriminación. Es necesario elaborar protocolos de actuación que faciliten la práctica deportiva a las personas trans e intersexuales, así como favorecer la detección y denuncia de conductas de acoso y discriminación a deportistas por su orientación sexual o su identidad de género.

Estas situaciones dan lugar a reflexionar sobre la situación del panorama deportivo para las personas LGTBIQ+ y la necesidad de brindar herramientas útiles a todas las personas relacionadas con el deporte, pero sobre todo para aquellas que son objeto de discriminación por su orientación sexual o identidad de género, de forma que todas las actividades deportivas puedan realizarse de forma inclusiva y desde la libertad, favoreciendo a que las diferencias de cada persona no sean utilizadas para discriminar.
Hagamos del deporte un espacio visible, seguro y de libertad, libre de odio y de LGTBIQ+fobia.

Izaskun Aranbarri
Publicista y sexóloga